Sin embargo, con embargo

Lo escribí allá, pero tenía que mencionarlo acá.

Prostitución académica

Un pequeño experimento que estoy haciendo para ver si me da para ganar un premio que ofrecen por ahí. Si no, por último para desahogarme de vez en cuando de mi ritmo académico medianamente alto.

Malditas lucas que faltan.

El Prostíbulog

Cambiar el primer día de la semana en Ubuntu

Una de las cosas molestas de usar Ubuntu es que por defecto el primer día de la semana es el domingo, lo cual es absolutamente ridículo (y no sólo en estas latitudes). Si bien existe una manera muy fácil de cambiar esa configuración en Evolution, no hay una opción directa para realizar este cambio en el calendario que queda en el panel.

(Re)buscando en internet, llegué a una solución, que comparto con ustedes. Supongo que funciona también en otras distribuciones basadas en Debian.

  1. Vayan a la línea de comandos (Aplicaciones > Accesorios > Terminal) y escriban:
    sudo gedit /usr/share/i18n/locales/es_ES
  2. Les pedirá la contraseña de superusuario (root) para continuar. Busquen una línea que sólo dice LC_TIME. Antes de encontrar una línea que diga END LC_TIME deberían encontrar una como la siguiente:
    first_weekday 1
  3. Cambien el 1 por un 2, de manera que resulte lo siguiente. Si la línea no existía, agréguenla en la línea anterior a LC_TIME.
    first_weekday 2
  4. Guarden, salgan del editor y finalmente en la consola ejecuten
    sudo locale-gen

Esto último regenerará los archivos correspondientes a la configuración en cuestión. Nuestro calendario del panel debería comenzar en lunes ahora.

Calendario en panel de Ubuntu

Dios…

Los biólogos creen que son bioquímicos,
los bioquímicos creen que son físicoquímicos,
los físicoquímicos creen que son físicos,
los físicos creen que son dioses,
y Dios cree que es un matemático.

Más chistes matemáticos (en inglés).

Recetas para renovar energías

Una de las cosas que he “descubierto” en el último tiempo es lo agradable que puede ser lo cotidiano cuando se retoman viejas costumbres románticas. Sólo requiere una pequeña dosis de voluntad, y los resultados muestran que lo vale: lazos que se fortalecen, sonrisas, endorfina y tranquilidad, que se traducen en energías renovadas y buenos ánimos para enfrentar la monotonía de lo cotidiano.

Algunas recetas son:

  • Leer un buen par de novelas. En papel. Acostarse 20 minutos más temprano (o dormirse 20 más tarde) para dedicarle tiempo a ese libro que debe quedar en el velador. 1 capítulo por día, 2 o 3 si son más cortos. Si se cuenta con una tarde completa disponible, dedicarla al libro en un sillón junto a un vaso de agua.
  • Cocinar un plato habitual, de una manera no habitual. Cocinar con cariño, con tiempo, con la intención de que quede sabroso y la concentración necesaria para que así sea. Cenar luego a la luz de las velas, idealmente con algo de música suave de fondo. Si hay compañía, es recomendable que la conversación gire en torno a experiencias agradables compartidas, historias de infancia o el sabor de la comida. Se prefieren estos temas por sobre la actualidad política nacional o las noticias de la tele.
    Es importante que el plato no sea ostentoso ni caro, pues la sesión pierde eso que lo amarra al concepto de “cotidiano”. La idea es hacer de lo ordinario algo extraordinario, y no de lo extraordinario algo lejano y ocasional (y doloroso para el bolsillo).
  • Caminar por el San Cristóbal (o algún cerro o parque equivalente) un domingo en la mañana. La ciudad se ve distinta desde arriba, y es distinto también el aire que se respira. Ver pasar a gente haciendo deporte y a familias de la mano y riendo es una actividad que en algún momento te hará sonreír.
  • Salir del computador. Apágalo y camina por tu casa. Verás que efectivamente hay otras cosas que hacer, y si lo piensas un par de minutos verás también que no hay por qué ir a contarle a todo el mundo lo que haces. Lo mismo aplica para quienes se autoesclavizan con redes sociales y hacen de ellas centros de procrastinación (especialmente durante el trabajo). Sé que parece discurso de predicador de calle, pero hace 10 años podíamos vivir sin ellas, es cosa de hacer memoria y tratar de recordar qué hacíamos.

Los comentarios están abiertos para recibir las ideas de los estimados lectores, idealmente ya llevadas a la práctica - y por lo tanto, comprobadas.

Se me apareció marzo

Terminan las vacaciones y ya comienzan las actividades habituales (académicas). Desde el miércoles me veré enfrentado a cuatro ramos + dos ayudantías + pega ocasional. Con tal lista, es obvio que tendré que afirmarme desde el principio y planificarme adecuadamente para no morir en el intento.

Entre las cosas que veo venir, están:

  • No terminar (no empezar) mi sitio web
  • Escribir poco en el blog (pero eso no es novedad, jejeje)
  • Cansancio
  • Seguir leyendo algunos temas web de mi interés (web semántica, CSS, DOM, CakePHP, Wordpress)
  • Problemas monetarios

Mañana empiezo con algunos trámites y reuniones previas al boom del miércoles, como para calentar los motores (que ya vienen en marcha, pues trabajé 6 de las últimas 8 semanas).

Buen año a todos los que empezamos.

Aventuras libreras

Tras haber recibido hace unos días mi sueldo por lo que trabajé en enero, partí hoy rumbo al centro a vitrinear algunas librerías y realizar mi pequeño ritual pos-pago (de cualquier trabajo remunerado) consistente en la compra de un libro.

Caminé decidido en busca de LOM, tras haberme enterado hoy que esta tienda tiene en sus vitrinas la versión en español de Cultura Libre, libro en el que Lawrence Lessig muestra cómo los grandes poderes económicos detrás de los medios y distribuidores de contenidos usan la tecnología y las leyes actuales para limitar la creatividad y el acceso a la cultura.

Tras notar que la sucursal de Moneda estaba cerrada por inventario, y como no alcanzaría a llegar a tiempo al local de Concha y Toro, me dediqué a pasear por otras librerías céntricas. Comencé por la Inglesa en busca de la versión anglosajona del libro de Lessig, pero la suerte no me acompañaba. Tampoco estaba en la Contrapunto ni en la TXT!, aunque sólo un par de miradas a los estantes de esta última me detuvieron y amarraron al lugar.

Si una conclusión temprana pude sacar, es que resultó todo un descubrimiento para mí. Pegados sobre los plásticos que envuelven los ejemplares se hacían notar decenas y docenas de etiquetas cuyos numeritos iban entre $1.990 y $4.990. Los libros más de moda bordeaban los $7.990. Los más exclusivos superaban como con vergüenza las diez lucas. Un buen disco de jazz amenizaba el ambiente, invitaba a la lectura y abstraía del ruidoso paseo peatonal que se perdía tras la puerta.

Me gustó el disco. Podría haberlo vitrineado en la sección de música, pero por algún motivo no lo hice. Olvidé también preguntar por la película de Al Gore en la sección DVD, tal vez debido a la misma falta de costumbre de encontrar todo en un mismo lugar. ¡Qué ganas de haber conocido esta tienda antes!

Me hice de dos libros. Uno que conocía y quería hace tiempo y otro que me tincó en el momento y que costaba $2.990. Disfruté seleccionando futuras adquisiciones antes de pagar, y en la caja me aguardaba una última sorpresa en las imitaciones de Moleskine que tienen a la venta (dicho sea de paso, de un papel exquisito).

Finalmente partí a la Feria Chilena del Libro, a la caza de un esquivo manual de estilo que sólo he encontrado en internet. Fue un agrado cuando a cinco metros de la puerta me recibe un vendedor con quien habíamos conversado varias veces cuando solía ir a pasear por la sucursal de Nueva York con Alameda.

– Me trasladaron acá –comentó–. Cerraron el local y a mí me cambiaron acá.
– Cerraron… ¿cerraron por vacaciones o cerraron cerraron?
– Cerramos cerramos –respondió con un aire de nostalgia.

Así que cerraron cerraron. “Una de las librerías más grandes de Chile se ve forzada a cerrar una de sus sucursales”, pensaba mientras miraba libros al azar. Al lado mío una muchacha preguntaba el precio de un libro de historia del arte a un vendedor. “Cuarenta y dos mil nueve noventa”, respondía el empleado, tras lo cual la mujer agachaba la cabeza y cambiaba de pasillo en busca de mejor suerte.

Sin mucho ánimo ya de comprar (había encontrado algo medianamente cercano a lo que buscaba, por $29.000) me dispuse a partir. No había dado dos pasos cuando vi entre los inertes ejemplares de un estante el vivo color de la portada del libro que me había tincado en la TXT!, y que ahora estaba en mi mochila. La curiosidad fue grande, y lo pasé por el lector de precios antes de salir a la calle, hacia la micro.

$8.600 fue lo que leí. Recordé un antiguo tema tratado acá en el blog.

n pensamientos sobre el Abierto de Australia

Muy a lo Jon Wertheim con los 50 pensamientos que publica sagradamente al final cada torneo de Grand Slam, espero compartir con ustedes mis n pensamientos luego de cada uno de los 15 torneos más importantes, a saber, los 4 grandes, los Masters Series y la Copa Masters.

  • Novak Djokovic está en pleno ascenso, y su formación como tenista todavía no está completa. Mientras tanto, se da el lujo de ganar un torneo de Grand Slam perdiendo un solo set, en la final.
  • Su hermano Marco Djokovic, jugó en el torneo de juveniles, perdiendo en primera ronda contra un australiano.
  • Ocupado como he estado con mi trabajo de verano, olvidé participar del Australian Open Suicide Pool. Espero retomar mi participación en la versión de Roland Garros, y avisaré con anticipación para que participen, pues es de lo más entretenido.
  • Para quienes quieran saber mi opinión sobre el hecho de que el suizo que está número 1 no haya ganado el torneo: Roger Federer seguirá vigente mucho tiempo. Como Wertheim hace notar, es sólo una derrota. Lo que agrava nuestras ideas es que hace 3 años que no lo veíamos perder antes de una final de un Slam. Un poco de perspectiva: la racha se acabó, pero nadie en la historia había llegado a 11 finales consecutivas en los torneos más grandes. La racha de semifinales, en todo caso, sigue viva, y el contador va en 15.
  • Cuando el ranking de la ATP se actualice mañana, Rafael Nadal estará a menos de 1000 puntos de Federer. Además el español —de 21 años— tendrá más puntos que los que Pete Sampras jamás tuvo.
    1. Federer — 6630
    2. Nadal — 5980
    3. Djokovic — 5165
  • Como si esto fuera poco, Djokovic (Nole, para los amigos) se afirma en el trío dominador del circuito, y a sus 20 años se perfila como un jugador joven aún más completo que Nadal, pues ya ha alcanzado las semifinales en los 4 grandes, y tiene un juego que se adapta mejor a las canchas de cemento.
  • No pudieron pasar más desapercibidos los tenistas latinoamericanos. El finalista defensor Fernando González saldrá mañana de los top-20, y David Nalbandián, quien venció con facilidad a Federer, Nadal y Djokovic a fines del año pasado, fue aplastado en tercera ronda por un resurgente Juan Carlos Ferrero.
  • ¿Alguien ve en el circuito femenino una sonrisa más llamativa que la de Ana Ivanovic?
  • ¿Qué fue de Ivan Ljubicic? Descontando los cuartos de final que hizo en 2006, el croata ha ganado sólo 4 partidos en sus otras 8 presentaciones en Australia.
  • Tal vez se considere obvia la intención de los jugadores de escalar en el ranking, pero Nadal salió decidido este año. Luego de inscribirse en un torneo la primera semana del año y de hacer semifinales en Australia, participará en Rotterdam y en Dubai antes de tener que defender demasiados puntos en Indian Wells (donde Federer no tiene nada que defender). Con algo de suerte, durante el próximo mes podríamos ver el cambio más importante en el ranking en 4 años.

El anti-Grand-Slam de González

Un Grand Slam de tenis es un torneo grande Un torneo de Grand Slam es un gran evento[1], muy grande. Ganarlo implica ganar siete partidos seguidos, cada uno al mejor de 5 sets.

Pues bien, si un jugador va a un Grand Slam y pierde en primera ronda, un consuelo sería que perdiera con alguien que eventualmente llegó a última instancia (el ganador del torneo, o el finalista, por ejemplo). Pero perder con alguien que pierde en la segunda ronda es un poco más desalentador.

Entonces, ¿qué tal si premiamos a aquel jugador que en primera ronda perdió con alguien que pierde en segunda con alguien que pierde en tercera, y así sucesivamente? Podríamos llamarle el anti-Grand-Slam.

Con esto en mente, vayan las merecidas felicitaciones a Fernando González por ser el infeliz ganador de un anti-Grand-Slam… ¡dos veces en un año! Hay que tener muy mala cueva estrella

Y como dato freak, recordar que el mismo año llegó a su primera final, en el Abierto de Australia pasado.

Nota: actualizado el inicio gracias a la corrección de juque.

Los caminos a seguir… construyendo

A propósito de nada, me impresiona cómo los trabajos de mejoras de caminos progresan de manera tan rápida en algunos lugares (de hecho, terminan), mientras que en otros parecen llevar años —literalmente.

En Maipú, comuna en la que vivo, los arreglos de la Avenida Pajaritos para que tuviera vías exclusivas duraron años. En ese tiempo fue habitual tardar 20 minutos en recorrer los 600 metros (¡!) previos a la estación de metro Las Rejas.

Cuando el proyecto fue entregado, automovilistas y vecinos comprobaron con horror que habían quedado postes en la calle [1][2] (¡!). Cierto, la constructora sacó los postes de ahí… y los puso en medio de la ciclovía que apenas se estrenaba (¡!). La nueva y flamante ciclovía, que durante más de un año no tuvo subida de bicicletas en los cruces (¡!), accesorios que accedieron a agregar tras incesantes negociaciones de grupos como el movimiento Furiosos Ciclistas, aunque les faltó sacar un par de árboles cuyas raíces han levantado tontamente el camino, resquebrajándolo y haciendo todavía más difícil el tránsito.

Actualmente tengo que soportar 80 minutos de viaje para llegar a la U en hora punta (aproximadamente entre 7:20 y 8:40), pues los interminables arreglos de Camino a Melipilla (varios kilómetros) y Santa Rosa con Departamental casi duplican los 50 minutos que me demoraría haciendo esa ruta.

En fin, artículo sin orden ni gracia. Era más de picado. Tenía más para comentar, pero quiero documentarlo con fotos. Cuando las tenga, retomaré este tema saca-canas.