Presión mas bien suave que se ejerce con los labios sobre una superficie preferentemente situada en el cuerpo de otra persona, principalmente en la cara, con algunas variantes que pueden ir a las orejas y del cuello hacia abajo cuando la relación de los involucrados lo permite y el momento lo amerita.
Úsese esta presión sobre la mejilla de otra persona, no muy cerca de los labios, como saludo de cortesía cotidiano. Tenga cuidado de conocer de antemano las costumbres locales, pues en algunos lugares la usanza dicta que el roce debe realizarse entre mejilla y mejilla, con los labios apuntando hacia el aire mientras los sujetos implicados en la acción emiten un sonido que suele escribirse “muac”. Incluso hay geografías y círculos sociales donde no se permite contacto alguno.
Cuide también de no confundir señales amistosas que en otras latitudes pudieran resultar extrañas. Si bien en algunos países dos hombres habitualmente se saludan realizando este contacto en una o en dos mejillas, en otros un hijo de vecino podría sentirse incómodo y hasta ofendido por la propuesta implícita que interpretaría en el cariñoso gesto de un congénere desprevenido.
La mano en la nuca al momento del saludo no se recomienda en una situación promedio. Resérvese esta muestra de afecto adicional para personas a las que Vd. tacharía de “seleccionadas con pinza”. Si “emocional” no puede leerse en su lista de virtudes, guarde el gesto para una persona en la que tenga un interés especial, recordando siempre sonreír y mirar a los ojos tras la fricción labial, sin separar la mano de la nuca sino hasta pasado un segundo adicional o dos, procurando acariciar inocentemente la parte alta del cuello de su saludado(a) con las yemas de los dedos si su determinación es tal.
La instancia labio-labio suele ser exclusiva para cero o una personas, y aunque los detractores de esta doctrina pretendan mostrarle al resto del mundo lo equivocados que están, es esta exclusividad un símbolo que ha sobrevivido casi intacto las deformaciones que en las últimas décadas han sufrido los ideales románticos de antaño. Cuando quiera hacer de un momento una primera vez “especial”, procure posar sus labios suavemente y con parsimonia sobre la contraparte de su acompañante, de modo de generar un lapso temporal de activación hormonal y disfrute exquisito; cierre sus ojos, es parte del rito. No olvide haber cepillado adecuadamente sus dientes y enjuagado su cavidad bucal con pasión, sin mencionar que una pastilla de menta resulta apropiada cuando la higiene bucal se llevó a cabo hace algunas horas o si usted sabe que no ha sido suficiente; el(la) besado(a) lo disfrutará y agradecerá en silencio.

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