Hoy soy testigo de la magia de internet. Encontré en un blog una referencia a una carta al director que envié a La Tercera hace un par de meses, citada además como carta del día.
Sergio da en el clavo con sus comentarios. El elevado precio que se genera por los “adicionales” que hay que costear para vender un libro en suelo patrio es inaceptable para el consumidor lector promedio.
Es, como él dice, la misma existencia y permanencia de los piratas el argumento clave para mostrarle al señor Juan Aldea Vallejos (presidente de la Feria Chilena del Libro) que algunos chilenos sí tenemos la voluntad de obtener provecho de los libros (ver La Tercera, domingo 29 de agosto de 2007).
Claro, supongo que en realidad una buena tajada de la plebe no abriría un libro ni para leer los pormenores del último escándalo de la farándula (¿para qué, si lo pueden ver en la tele?). Sin embargo, interesados hay, y aunque el sentido común indique que somos pocos, cabe preguntarse si un aumento en el tamaño del grupo lector implicaría ese festín de cultura a bajo precio que hoy por hoy se niega a los hambrientos y a los inocentes que no han tenido ocasión de saborearlo.
Recuerdo cuando iba al colegio, dos o tres veces a la semana coincidía en la micro con un chascón que se sentaba en el último asiento a la derecha, tan enfrascado en las páginas de su libro interminable que las mechas le tapaban los ojos, que parecían no despegarse del texto ni en los baches más grotescos de la Alameda. Puede que sea sólo un caso, pero uno basta para creer.
Ah, encontré este recuerdito también.
PS: el título lo tiene todo para sonar exagerado, pero no me vengan con el discurso de que las bibliotecas públicas. No hay nada como tener un libro, no tener que devolvérselo a nadie, que el texto no esté chueco de lo mal pirateado y capturar ese aroma a nuevo la primera vez que se hojea.

4 comments ↓
Concuerdo totalmente. A veces los precios son simplemente ridículos para algunos de nosotros y no puede ser que internet empiece a consumir a los potenciales lectores desde tan chicos (siendo el principal peligro que ahí gran parte de la gente escribe mal).
Las ganas están. Desde chica quise tener mi “biblioteca de imprescindibles”, pero el presupuesto te va coartando los sueños. Suena calamitoso, pero es así.
El último original que me compré fue “La borra del café” de Benedetti y ahí está, con su tapa dura, durante años liderando la fila.
Completamente de acuerdo. Y eso me lleva tambien al asunto de la musica. Ayer me compre un dvd que costo carito, pero que realmente es imperdible. Y el placer al comprarlo es de esos grandes gustos que te puedes dar.
Ese isomorfismo entre los libros y la musica es muy interesante…
Tengo tantas ganas de leer.
Estoy tan arrepentida de haber comprado sólo un libro en la feria de estos. Esperaré el próximo octubre.
No es que no lea. Lo hago. Y leo cosas que me gustan, pero ahora necesito algo diferente.
Estoy leyendo un buen libro de cuentos. Pero llegué al último y no lo quiero leer. Odio eso.
¿Y los precios?
Es bueno tener una abuela con plata que compra libros buenos. Es bueno ser socia de bibliometro. Es bueno invertir en libros. Es bueno llegar a pensar eso. Es bueno aprender a ahorrar.
[…] fue lo que leí. Recordé un antiguo tema tratado acá en el […]
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