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March 4th, 2008 — General
Una de las cosas que he “descubierto” en el último tiempo es lo agradable que puede ser lo cotidiano cuando se retoman viejas costumbres románticas. Sólo requiere una pequeña dosis de voluntad, y los resultados muestran que lo vale: lazos que se fortalecen, sonrisas, endorfina y tranquilidad, que se traducen en energías renovadas y buenos ánimos para enfrentar la monotonía de lo cotidiano.
Algunas recetas son:
- Leer un buen par de novelas. En papel. Acostarse 20 minutos más temprano (o dormirse 20 más tarde) para dedicarle tiempo a ese libro que debe quedar en el velador. 1 capítulo por día, 2 o 3 si son más cortos. Si se cuenta con una tarde completa disponible, dedicarla al libro en un sillón junto a un vaso de agua.
- Cocinar un plato habitual, de una manera no habitual. Cocinar con cariño, con tiempo, con la intención de que quede sabroso y la concentración necesaria para que así sea. Cenar luego a la luz de las velas, idealmente con algo de música suave de fondo. Si hay compañía, es recomendable que la conversación gire en torno a experiencias agradables compartidas, historias de infancia o el sabor de la comida. Se prefieren estos temas por sobre la actualidad política nacional o las noticias de la tele.
Es importante que el plato no sea ostentoso ni caro, pues la sesión pierde eso que lo amarra al concepto de “cotidiano”. La idea es hacer de lo ordinario algo extraordinario, y no de lo extraordinario algo lejano y ocasional (y doloroso para el bolsillo).
- Caminar por el San Cristóbal (o algún cerro o parque equivalente) un domingo en la mañana. La ciudad se ve distinta desde arriba, y es distinto también el aire que se respira. Ver pasar a gente haciendo deporte y a familias de la mano y riendo es una actividad que en algún momento te hará sonreír.
- Salir del computador. Apágalo y camina por tu casa. Verás que efectivamente hay otras cosas que hacer, y si lo piensas un par de minutos verás también que no hay por qué ir a contarle a todo el mundo lo que haces. Lo mismo aplica para quienes se autoesclavizan con redes sociales y hacen de ellas centros de procrastinación (especialmente durante el trabajo). Sé que parece discurso de predicador de calle, pero hace 10 años podíamos vivir sin ellas, es cosa de hacer memoria y tratar de recordar qué hacíamos.
Los comentarios están abiertos para recibir las ideas de los estimados lectores, idealmente ya llevadas a la práctica - y por lo tanto, comprobadas.
February 5th, 2008 — General
Tras haber recibido hace unos días mi sueldo por lo que trabajé en enero, partí hoy rumbo al centro a vitrinear algunas librerías y realizar mi pequeño ritual pos-pago (de cualquier trabajo remunerado) consistente en la compra de un libro.
Caminé decidido en busca de LOM, tras haberme enterado hoy que esta tienda tiene en sus vitrinas la versión en español de Cultura Libre, libro en el que Lawrence Lessig muestra cómo los grandes poderes económicos detrás de los medios y distribuidores de contenidos usan la tecnología y las leyes actuales para limitar la creatividad y el acceso a la cultura.
Tras notar que la sucursal de Moneda estaba cerrada por inventario, y como no alcanzaría a llegar a tiempo al local de Concha y Toro, me dediqué a pasear por otras librerías céntricas. Comencé por la Inglesa en busca de la versión anglosajona del libro de Lessig, pero la suerte no me acompañaba. Tampoco estaba en la Contrapunto ni en la TXT!, aunque sólo un par de miradas a los estantes de esta última me detuvieron y amarraron al lugar.
Si una conclusión temprana pude sacar, es que resultó todo un descubrimiento para mí. Pegados sobre los plásticos que envuelven los ejemplares se hacían notar decenas y docenas de etiquetas cuyos numeritos iban entre $1.990 y $4.990. Los libros más de moda bordeaban los $7.990. Los más exclusivos superaban como con vergüenza las diez lucas. Un buen disco de jazz amenizaba el ambiente, invitaba a la lectura y abstraía del ruidoso paseo peatonal que se perdía tras la puerta.
Me gustó el disco. Podría haberlo vitrineado en la sección de música, pero por algún motivo no lo hice. Olvidé también preguntar por la película de Al Gore en la sección DVD, tal vez debido a la misma falta de costumbre de encontrar todo en un mismo lugar. ¡Qué ganas de haber conocido esta tienda antes!
Me hice de dos libros. Uno que conocía y quería hace tiempo y otro que me tincó en el momento y que costaba $2.990. Disfruté seleccionando futuras adquisiciones antes de pagar, y en la caja me aguardaba una última sorpresa en las imitaciones de Moleskine que tienen a la venta (dicho sea de paso, de un papel exquisito).
Finalmente partí a la Feria Chilena del Libro, a la caza de un esquivo manual de estilo que sólo he encontrado en internet. Fue un agrado cuando a cinco metros de la puerta me recibe un vendedor con quien habíamos conversado varias veces cuando solía ir a pasear por la sucursal de Nueva York con Alameda.
– Me trasladaron acá –comentó–. Cerraron el local y a mí me cambiaron acá.
– Cerraron… ¿cerraron por vacaciones o cerraron cerraron?
– Cerramos cerramos –respondió con un aire de nostalgia.
Así que cerraron cerraron. “Una de las librerías más grandes de Chile se ve forzada a cerrar una de sus sucursales”, pensaba mientras miraba libros al azar. Al lado mío una muchacha preguntaba el precio de un libro de historia del arte a un vendedor. “Cuarenta y dos mil nueve noventa”, respondía el empleado, tras lo cual la mujer agachaba la cabeza y cambiaba de pasillo en busca de mejor suerte.
Sin mucho ánimo ya de comprar (había encontrado algo medianamente cercano a lo que buscaba, por $29.000) me dispuse a partir. No había dado dos pasos cuando vi entre los inertes ejemplares de un estante el vivo color de la portada del libro que me había tincado en la TXT!, y que ahora estaba en mi mochila. La curiosidad fue grande, y lo pasé por el lector de precios antes de salir a la calle, hacia la micro.
$8.600 fue lo que leí. Recordé un antiguo tema tratado acá en el blog.
January 21st, 2008 — General
Un Grand Slam de tenis es un torneo grande Un torneo de Grand Slam es un gran evento[1], muy grande. Ganarlo implica ganar siete partidos seguidos, cada uno al mejor de 5 sets.
Pues bien, si un jugador va a un Grand Slam y pierde en primera ronda, un consuelo sería que perdiera con alguien que eventualmente llegó a última instancia (el ganador del torneo, o el finalista, por ejemplo). Pero perder con alguien que pierde en la segunda ronda es un poco más desalentador.
Entonces, ¿qué tal si premiamos a aquel jugador que en primera ronda perdió con alguien que pierde en segunda con alguien que pierde en tercera, y así sucesivamente? Podríamos llamarle el anti-Grand-Slam.
Con esto en mente, vayan las merecidas felicitaciones a Fernando González por ser el infeliz ganador de un anti-Grand-Slam… ¡dos veces en un año! Hay que tener muy mala cueva estrella…
Y como dato freak, recordar que el mismo año llegó a su primera final, en el Abierto de Australia pasado.
Nota: actualizado el inicio gracias a la corrección de juque.
January 18th, 2008 — Sociedad, General
A propósito de nada, me impresiona cómo los trabajos de mejoras de caminos progresan de manera tan rápida en algunos lugares (de hecho, terminan), mientras que en otros parecen llevar años —literalmente.
En Maipú, comuna en la que vivo, los arreglos de la Avenida Pajaritos para que tuviera vías exclusivas duraron años. En ese tiempo fue habitual tardar 20 minutos en recorrer los 600 metros (¡!) previos a la estación de metro Las Rejas.
Cuando el proyecto fue entregado, automovilistas y vecinos comprobaron con horror que habían quedado postes en la calle [1][2] (¡!). Cierto, la constructora sacó los postes de ahí… y los puso en medio de la ciclovía que apenas se estrenaba (¡!). La nueva y flamante ciclovía, que durante más de un año no tuvo subida de bicicletas en los cruces (¡!), accesorios que accedieron a agregar tras incesantes negociaciones de grupos como el movimiento Furiosos Ciclistas, aunque les faltó sacar un par de árboles cuyas raíces han levantado tontamente el camino, resquebrajándolo y haciendo todavía más difícil el tránsito.
Actualmente tengo que soportar 80 minutos de viaje para llegar a la U en hora punta (aproximadamente entre 7:20 y 8:40), pues los interminables arreglos de Camino a Melipilla (varios kilómetros) y Santa Rosa con Departamental casi duplican los 50 minutos que me demoraría haciendo esa ruta.
En fin, artículo sin orden ni gracia. Era más de picado. Tenía más para comentar, pero quiero documentarlo con fotos. Cuando las tenga, retomaré este tema saca-canas.
December 29th, 2007 — General
La voz de la experiencia
Un monólogo sobre la vocación artística es la obra Todos los Ausentes. Interpretada por Héctor Noguera, de cuya propia experiencia surgió gran parte de la obra, es un recorrido por la vida del personaje y del país. Se presenta en el Teatro Camino (Antupirén 9400, Comunidad Ecológica) como parte de Santiago a Mil. Hasta el 6 de enero.
Jueves 3, 21 horas. $5.000 y $3.000.
(La Tercera, suplemento Cultura, sábado 29 de diciembre de 2007.)
Recuerdo cuando el Centella dejó de costar $100.
December 18th, 2007 — General
Sobre todo la manera como, con toda la humanidad posible, comprenden que uno está pasando por una situación económica complicada, y que cuando dice que no puede pagar es porque no puede pagar, no porque no quiera o porque se esté arrancando o haciéndose el vivo.
¿DICOM envía carta de bienvenida? ¿Postal navideña?
December 18th, 2007 — General
Soy feliz, tengo una libreta Moleskine Plain Reporter Notebook regalada por Nicolás Yus.
Viene hasta con una pequeña dedicatoria. “En retribución (muy parcial) de tu cooperación con mi libro”, pero lo más notable es que se impregnó del olor a tabaco tan característico, ése que ha hecho que gente le haya dicho “Nicolás, tú no deberías dar tu dirección”.
(Jo-jo-jo)
December 8th, 2007 — General
Dos comentarios (por dos personas distintas) frente a un lienzo publicitario de una niña usando un notebook:
- ¡Está usando un MacBook Pro!
- ¡Tiene las puntas teñidas!
Notable.
October 26th, 2007 — General
Querido diario: Hoy fue un día muy especial. Un día coloquial, podríamos decir, pues empezó con un coloquio en el DCC donde dos estudiantes de magíster expusieron brevemente sobre sus áreas de investigación.
Todo muy simpático, incluyendo a Juan Pablo “Osmosis Jones” Canepa repartiendo Tablet-PC a los inocentes para que tomáramos apuntes usando OneNote, aunque debíamos hacer las preguntas en un foro. “Qué sofisticado”, era el pensamiento general, “hacer preguntas vía web”. Sin embargo, volví a tierra cuando puse una pregunta, y diez segundos más tarde el tipo que estaba adelante interrumpió al expositor para leerla en voz alta. No sólo me demoré más en escribirla que lo que él tardó en leerla, sino que además perdí el hilo de la presentación, por lo que terminé saliendo disconforme de una tecnología que no conocía, y por la que los ejecutivos con cara de nuestra-empresa-está-a-su-servicio (y su billetera al nuestro) (como el de la foto en la página de OneNote) babearían en una reunión.
Después almorcé con el ayudante de autómatas (que fue quien me invitó al coloquio) y conversamos sobre su área de investigación, que son más cositas sobre bases de datos y las peripecias que se puede hacer ahí. Tras la ayudantía, a la que fui el único asistente -curiosa práctica que se repite los días de entrega de tarea- partí a matemáticas con escala en el baño, y me fui a cuidar una prueba de Cálculo I, no sin antes perderme y haber llegado a la sala D104 cuando en realidad tenía que ir a la 104 a secas. Claro, con la cercanía y la costumbre uno parte a bachi (donde están las salas D), pero cuando pregunté y fui avisado del error corregí ipso-facto el desperfecto yendo hacia ese sub-mundo llamado Ingeniería Comercial (pos hombre). ¡Qué Facultad con más plata, y tienen un notable home como título en portada!
Cuidar pruebas ahí ha sido agradable las dos veces en que lo he hecho. La gente está lo suficientemente separada como para que sea muy difícil la copia, y además nadie parece interesado en intercambiar opiniones con los compañeros, aunque dos o tres quisieron fiarse de la calculadora, tras lo cual la inquisición llegó ávida a sus puestos a apuntar con el dedo la última línea del enunciado, donde se establece con claridad que no se puede usar ninguna evolución del ábaco.
La línea anterior a ésa dice que no se puede hacer preguntas, pero es un estándar de facto omitir su cumplimiento, así que varias veces anduve paseando aquí y allá explicando una y otra vez que “usando potencias de (x-1)” significa que el desarrollo de Taylor lo tenían que hacer en torno a 1, etc.
*uta que es difícil cuando una niña particularmente atractiva te llama para preguntarte algo. Sobre todo cuando su rostro tiene esa expresión de seriedad-concentración, esbozos de disconformidad y un mal genio que de vez en cuando no puede ocultar (que para mí significa sexy). Para colmo, el aroma de su pelo subía refrescante y quería cerrarme los ojos, aunque los suyos, fijos y determinados, los abrieron tras haberlos atrapado.
Con la tranquilidad de haber pasado un rato agradable caminé al DCC a entregar la tarea de autómatas, pero como cincuenta minutos de atraso significaban que todo estaba cerrado, salí hacia el metro con un compañero ingeniero-computín que estaba ahí esperando nada. Conversamos, me recomendó ramos, y me despedí de él sintiéndome más motivado que nunca por estudiar todas estas cosas que me gustan muchísimo y que antes, por uno u otro motivo, no había encontrado.
PS: Parece que territory es la palabra en inglés más larga que se puede escribir usando una sola fila de un teclado (QWERTY, por cierto)
PPS: Quiero un este regalo.
September 28th, 2007 — General
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
de Mario Benedetti