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Nervus radialis

Nervio radial en Grey’s AnatomyTengo una molestia que a ratos tira pa dolor en el brazo derecho, y si bien llevo varias semanas programando casi a tiempo completo sin otros inconvenientes que el cansancio y la fofidad, creo que es tiempo de darle un respiro al nervio radial (y a mi desgastado intelecto) y detenerme unos días, aunque sea para estudiar para una prueba, cosa que en realidad terminará evitando ese preciado relajo.

El juego, en todo caso, avanza. Un recuerdo para los fanáticos y los románticos:

Castle from Age of Empires II: The Conquerors

Confesiones que no quiero hacer

  • (Sólo) quise a una mujer que me amó.
  • Amo a una mujer que (sólo) me quiere.
  • Soy infeliz.
  • Llevo años esperando.
  • Ya renuncié a esas prácticas. Romanticismo no es hadas madrinas.
  • Estoy orgulloso de lo que mi familia ha hecho por mí.
  • Quema las mentiras camufladas que nos dijimos con cariño.
  • No tengo poder.
  • No tengo influencia.
  • No tengo plata.
  • No tengo éxito.
  • No tengo constancia.
  • No tengo mujer.
  • No tengo diccionario.

Apuntes de metro

(…) Supongo que la poca costumbre deriva en la inconsistencia. O la timidez. ¡Ah! el temor a la bajeza, orgullo de hierro en función de prejuicios que fueron vendidos a precio de ocasión por los predicadores.

— Es una muy buena escalera, no la había descubierto.
— Exactamente — respondí sin darme cuenta, todavía acariciando su mano, la mirada perdida en el semáforo que a lo lejos jugaba con los autos.

“Gracias, mi niño” había dicho justo antes, acercándose a abrazarme.

Santiago es una ciudad linda, o es que el día estaba parcialmente nublado, vientos suaves, buenos augurios e incidentes menores. Como para sacarse una foto frente a La Moneda.

Demostremos ahora que L no es libre de contexto. En efecto, supongamos que lo es, entonces satisface el lema de bombeo. Sea N la constante del lema…

Kuss

KussPresión mas bien suave que se ejerce con los labios sobre una superficie preferentemente situada en el cuerpo de otra persona, principalmente en la cara, con algunas variantes que pueden ir a las orejas y del cuello hacia abajo cuando la relación de los involucrados lo permite y el momento lo amerita.

Úsese esta presión sobre la mejilla de otra persona, no muy cerca de los labios, como saludo de cortesía cotidiano. Tenga cuidado de conocer de antemano las costumbres locales, pues en algunos lugares la usanza dicta que el roce debe realizarse entre mejilla y mejilla, con los labios apuntando hacia el aire mientras los sujetos implicados en la acción emiten un sonido que suele escribirse “muac”. Incluso hay geografías y círculos sociales donde no se permite contacto alguno.

Cuide también de no confundir señales amistosas que en otras latitudes pudieran resultar extrañas. Si bien en algunos países dos hombres habitualmente se saludan realizando este contacto en una o en dos mejillas, en otros un hijo de vecino podría sentirse incómodo y hasta ofendido por la propuesta implícita que interpretaría en el cariñoso gesto de un congénere desprevenido.

La mano en la nuca al momento del saludo no se recomienda en una situación promedio. Resérvese esta muestra de afecto adicional para personas a las que Vd. tacharía de “seleccionadas con pinza”. Si “emocional” no puede leerse en su lista de virtudes, guarde el gesto para una persona en la que tenga un interés especial, recordando siempre sonreír y mirar a los ojos tras la fricción labial, sin separar la mano de la nuca sino hasta pasado un segundo adicional o dos, procurando acariciar inocentemente la parte alta del cuello de su saludado(a) con las yemas de los dedos si su determinación es tal.

La instancia labio-labio suele ser exclusiva para cero o una personas, y aunque los detractores de esta doctrina pretendan mostrarle al resto del mundo lo equivocados que están, es esta exclusividad un símbolo que ha sobrevivido casi intacto las deformaciones que en las últimas décadas han sufrido los ideales románticos de antaño. Cuando quiera hacer de un momento una primera vez “especial”, procure posar sus labios suavemente y con parsimonia sobre la contraparte de su acompañante, de modo de generar un lapso temporal de activación hormonal y disfrute exquisito; cierre sus ojos, es parte del rito. No olvide haber cepillado adecuadamente sus dientes y enjuagado su cavidad bucal con pasión, sin mencionar que una pastilla de menta resulta apropiada cuando la higiene bucal se llevó a cabo hace algunas horas o si usted sabe que no ha sido suficiente; el(la) besado(a) lo disfrutará y agradecerá en silencio.

El Valor de la Pena

Estaría en lo cierto si digo que los últimos meses han valido la pena. La satisfacción del conocimiento adquirido, de los contenidos madurados, del gusto que evoluciona a pasión. La alegría de estudiar, de aprender, de compartir; la sonrisa automática de una conversación sincera en la que un compañero reconoce los talentos de uno.

Mentiría si digo que los últimos meses han valido la pena. Pues, con todo lo anterior, ¿qué pena es la que ha valido? Hasta ahora los sacrificios no han sido tales: las penas se esfuman en la semántica de una frase, se revierten inconscientes en los párpados cansados de una lectura que acabó después de la última vela, y se concretan en la felicidad de ese giro sobre el hombro que le sigue, en el que la mano acomoda la sábana con tanta precisión como suavidad, y los ojos se cierran tan agradecidos como satisfechos.

¿Qué vale la pena, entonces, si no es ése el camino por el que se transitó?

Primavera y Encuentro

Corría, saltaba, paraba, flectaba; me dolían los músculos del esfuerzo, pero sentía que valía la pena. Luego desperté. Amanecí adolorido de verdad, como si acabara de salir de una sesión de entrenamiento. Me asomé por la ventana, y el día me saludaba limpio, azul y esplendoroso.

Me vestí con jeans y polera y me puse el chaleco por encima de los hombros. Partí a la U y ya notaban el cambio de imagen. “Oye, que andai veraniego”, me decían, “tan de polerita, ¿a quién vai a impresionar?”. Hice hora en el pastito durante una ventana, y pasaron repartiendo volantes dieciocheros. El papel era tan rico que saqué mi pluma ipso facto y escribí lo que fue saliendo. Después me fui a mi última clase del día, donde conocí a una fanática de Harry Potter que leyó el último libro durante exactamente los mismos días que yo (pero ella además usa una mochila que dice “England” y chapitas de Gryffindor y Quidditch).

Luego de eso me encontré con Pedro, un buen amigo que estudia Química en una facultad vecina a la mía. Lo acompañé a la biblioteca primero, y a comerse un chocolate después, antes de que él fuera a la piscina. Le pasé un papel donde había escrito esas palabras un poco al deseo de la pluma.

—Cuándo escribiste esto?— preguntó.
—Hace un rato, estaba sentado afuera de la facultad y pasaron repartiendo estas hojitas.
—Te llegó a primavera parece…

Y no era sólo que parecía. Los árboles brillaban y sus flores henchían el pecho al sol que todavía no se rendía; la gente sonreía al pasar, algunos saludaban.

Afuera de la piscina me encontré con la persona que me enseñó a nadar hace ocho años en un curso recreativo de piscina municipal. Hace casi tantos años que no lo veía. Se acordaba de mí, y aunque no recordó mi apellido no tardará en averiguarlo.

Alejandro es una de esas personas que te atrapan la atención con la pasión que fluye en su discurso. Nos habló de la Escuela de Salvavidas en la que ahora participa, de los viajes que han hecho, de los proyectos que planean. “Ven a nadar uno de estos días”, me dice al final, aunque en realidad estaba promocionando su curso.

Luego también me despedí de Pedro, pero todavía paseé por el campus un rato, y me encontré con más gente. Conversamos, pasó el tiempo, y por ahí hasta volvió a salir el sol mientras estábamos sentados. Pasó caminando, brillando salvo cuando parpadeaba.

Raposería académica

Hoy, finalmente, ví algo de luz. Supongo que hace bien despertar mirando un cielo despejado, refrescar los pensamientos que todavía duermen bajo la ducha tibia y beber leche leyendo los comentarios de gente que de manera incomprensible —pero agradable— me apoya. ¡Gracias!

Por primera vez estoy viendo matemática de verdad. Estoy viendo matemática de verdad, y es en un curso que se dicta en Ingeniería, lo que por cierto no me complica en absoluto. La computación teórica se me presentó de improviso, y hasta ahora ha sido un constante enamoramiento a primera vista. Computación y matemática tan rigurosa como la que más se conjugan en conceptos abstractos que tarde o temprano encuentran aplicación. Problemas tan básicos (de base, no de fácil) como demostrar la equivalencia de dos clases resultan tan poderosos que podrían cambiar nuestro paradigma actual de funcionamiento computacional, partiendo por el posible quiebre (o consolidación) de la seguridad informática como la conocemos hoy.

Y no es necesario que les explique lo entretenido que se hace sabiendo que se puede demostrar o refutar ese problemita del millón de dólares usando… ¡el Buscaminas! Ahhh (suspiro), el placer de sentirme a gusto, del hambre por leer y aprender más, por hacer las tareas, por definir nuevos objetos.

Tal vez la nota negra estuvo marcada por el incomprensible problema del control de cálculo, que comparto con ustedes en la esperanza de que alguien más pueda apreciar su belleza y simplicidad, como hice yo una vez que lo entendí por completo.

PS: Gracias nuevamente a la barra.
PPS: Pasado mañana juega Paul Capdeville contra Roger Federer. Cool.

Esa vida que avanza pero no fluye

Reabriendo los días de gloria jamás encontrada. Vuelvo a escribir y vuelvo a encontrarme sin ideas, aunque eso es una mentira. La idea está ahí, tal vez lo que me frena sea el temor de escribirla, de compartirla con el mundo.

La preocupación por elegir un color, un diseño, una imagen. La despreocupación por llenar el sitio con contenido. Y no es que quiera hacer dinero con un blog, pues en mi caso el tema siempre ha sido hacer un blog. Pulirlo, acabarlo, y no me refiero a terminar de escribirlo y punto, me refiero a que pasen los meses y haya consistencia, haya contenido que buscar, haya categorías desarrolladas y temas tratados. Supongo que eso es lo que esperan los capos del asunto, pues en realidad eso es precisamente lo que hacen los exitosos del asunto.

Tampoco es que quiera el éxito, pero sí algo de constancia, un poco de claridad de ideas y por qué no, un conjunto no vacío de lectores. En otras palabras, consistencia, una utopía que comienza y termina en el mismísimo nombre de esta bitácora.

Remeros moviéndose caóticamente.Siento que avanzo, sí, pero de alguna manera también siento que no fluyo. ¡Y cómo no he de estancarme, si todavía mi única concentración permanente es la del dinero que no tengo para pagarme el próximo mes de vida!

Camino pienso detengo anoto sigo. Pero la próxima detención es la del llanto, la de la mano en los ojos y la cabeza gacha, la del flaqueo de piernas, la del otrora nuevo cuestionamiento sobre felicidad, deseo y oportunidad. Hay gente que no tiene qué comer, le dicen a uno cuando chico para que calle. También hay gente que no sabe dónde vomitar el dinero mal robado que le colma los bolsillos de seda importada. Y yo antes no era resentido. Supongo que antes no conocía el mundo.