Entries Tagged 'Sociedad' ↓

Los caminos a seguir… construyendo

A propósito de nada, me impresiona cómo los trabajos de mejoras de caminos progresan de manera tan rápida en algunos lugares (de hecho, terminan), mientras que en otros parecen llevar años —literalmente.

En Maipú, comuna en la que vivo, los arreglos de la Avenida Pajaritos para que tuviera vías exclusivas duraron años. En ese tiempo fue habitual tardar 20 minutos en recorrer los 600 metros (¡!) previos a la estación de metro Las Rejas.

Cuando el proyecto fue entregado, automovilistas y vecinos comprobaron con horror que habían quedado postes en la calle [1][2] (¡!). Cierto, la constructora sacó los postes de ahí… y los puso en medio de la ciclovía que apenas se estrenaba (¡!). La nueva y flamante ciclovía, que durante más de un año no tuvo subida de bicicletas en los cruces (¡!), accesorios que accedieron a agregar tras incesantes negociaciones de grupos como el movimiento Furiosos Ciclistas, aunque les faltó sacar un par de árboles cuyas raíces han levantado tontamente el camino, resquebrajándolo y haciendo todavía más difícil el tránsito.

Actualmente tengo que soportar 80 minutos de viaje para llegar a la U en hora punta (aproximadamente entre 7:20 y 8:40), pues los interminables arreglos de Camino a Melipilla (varios kilómetros) y Santa Rosa con Departamental casi duplican los 50 minutos que me demoraría haciendo esa ruta.

En fin, artículo sin orden ni gracia. Era más de picado. Tenía más para comentar, pero quiero documentarlo con fotos. Cuando las tenga, retomaré este tema saca-canas.

Puntajes y oportunidad

Ayer, mientras leía noticias sobre los resultados de la PSU y las estadísticas y análisis que le siguen, no pude dejar de plasmar mi descontento en unas palabras que envié a Cartas al Director de La Tercera, pero que no publicaron (hoy, al menos).

Álvaro me comentaba que no estoy diciendo nada nuevo, y en realidad es algo que todos sabemos, incluso la Ministra de Educación:

(…) porque en Chile lamentablemente las condiciones socioeconómicas influyen en los resultados, y este éste es un sistema que está muy segregado.

(Fuente: La Tercera)

Por otra parte, Nicolás (Rivera) —compañero de la U y alguien que seguramente ve la PSU con más cercanía que Álvaro— me comentaba un día antes que “le putea ver la lista de colegios top”, pues “vienen de puras comunas lindas”.

Cuento nuevo o viejo, creo que de todas maneras no hace mal mencionarlo y conversarlo. Comparto entonces la carta, aunque sólo termine descargando un poco de rabia.

Señor director:

“Si se analizan los datos de los últimos tres años, la conclusión es que se mantiene la tendencia de que los estudiantes más ricos se llevan los mejores puntajes.” (La Tercera, sábado 22 de diciembre, pág. 80)

Con el argumento simple pero poderoso del sentido común podríamos aventurarnos y decir que ha sido así no sólo desde hace unos años, sino desde los inicios de la extinta Prueba de Aptitud Académica. Pues ¿cuándo fue distinto? ¿Cuándo ricos y pobres pelearon palmo a palmo los lugares de privilegio en las universidades de prestigio?

Sí, hay excepciones. Hay quienes a base de talento personal y sacrificio familiar logran colarse entre las filas destinadas a la elite, en medio de coetáneos que en regalos de navidad recibirán los ingresos mensuales de su casa, aguinaldo incluido.

Pensad que un resentido escribe estas líneas. Puedo vivir con eso. Con lo que no puedo vivir es con la idea de que la mensualidad promedio de un colegio top-100 terminaría por dejar en la calle a una familia de escasos recursos, sin mencionar que hasta la más triste de las universidades duplicará -por lo bajo- el tamaño del billete de entrada, pues hoy por hoy el requisito honesto de ingreso a la Educación Superior se reparte entre el sobrevalorado pero pasajero puntaje, y el sutil pero perenne arancel.

PS: aprobé el TOEIC, gracias Corfo. ¿Y ahora qué?

Un placer para la élite

Hoy soy testigo de la magia de internet. Encontré en un blog una referencia a una carta al director que envié a La Tercera hace un par de meses, citada además como carta del día.

Sergio da en el clavo con sus comentarios. El elevado precio que se genera por los “adicionales” que hay que costear para vender un libro en suelo patrio es inaceptable para el consumidor lector promedio.

Es, como él dice, la misma existencia y permanencia de los piratas el argumento clave para mostrarle al señor Juan Aldea Vallejos (presidente de la Feria Chilena del Libro) que algunos chilenos tenemos la voluntad de obtener provecho de los libros (ver La Tercera, domingo 29 de agosto de 2007).

Claro, supongo que en realidad una buena tajada de la plebe no abriría un libro ni para leer los pormenores del último escándalo de la farándula (¿para qué, si lo pueden ver en la tele?). Sin embargo, interesados hay, y aunque el sentido común indique que somos pocos, cabe preguntarse si un aumento en el tamaño del grupo lector implicaría ese festín de cultura a bajo precio que hoy por hoy se niega a los hambrientos y a los inocentes que no han tenido ocasión de saborearlo.

Recuerdo cuando iba al colegio, dos o tres veces a la semana coincidía en la micro con un chascón que se sentaba en el último asiento a la derecha, tan enfrascado en las páginas de su libro interminable que las mechas le tapaban los ojos, que parecían no despegarse del texto ni en los baches más grotescos de la Alameda. Puede que sea sólo un caso, pero uno basta para creer.

Ah, encontré este recuerdito también.

PS: el título lo tiene todo para sonar exagerado, pero no me vengan con el discurso de que las bibliotecas públicas. No hay nada como tener un libro, no tener que devolvérselo a nadie, que el texto no esté chueco de lo mal pirateado y capturar ese aroma a nuevo la primera vez que se hojea.

Filtración de Pases Escolares Provisorios

Hace unas semanas tuve por fin en mis manos mi Tarjeta Nacional del Estudiante. Eso sí, tras varios meses de espera, pues como a tantos otros, mi trámite se perdió en un agujero negro entre enero (cuando pagué por el pase) y julio (cuando lo recibí).

Por el mismo motivo recibí en junio el pase provisorio, que cumple la misma función del pase, pero sin la fotito de uno. ¿La ventaja? Ninguna, excepto para quienes solían prestarle el pase al amigo parecido, pues ahora con el pase provisorio nadie le preguntaba a nadie sobre el origen del documento, y tampoco había foto para verificar.

Un mes después de devolver el pase provisorio y recibir el definitivo, me llegó un correo del DASE de la U pidiéndome me reportara urgente en sus oficinas. Apenas pude fui, sólo para ser interrogado de la misma manera que a otros compañeros.

—¿A tí te dieron el pase nuevo hace poco?
—Sí.
—Ya, pero tú no devolviste el provisorio— curioso, considerando que no entregaban el nuevo sin devolverlo.
—Sí lo devolví.
—Es que acá no nos aparece eso, ¿a quién se lo devolviste?
—A ella.
—Ya… bueno, mira… te avisamos de todas maneras que al Ministerio no le ha llegado tu pase, y ellos van a bloquear el provisorio y el definitivo de todos los que no han devuelto el temporal, así que si un día no te funciona la tarjeta ya sabes por qué es.
—Y si pasa eso, ¿tengo que hablar con alguien?
—No pos… ahí no hay ná que hacer yo creo…

La discusión no la quise tener, pero una cosa me quedó clara: en algún punto entre esa oficina y el Ministerio los pases provisorios se perdieron, y por culpa de eso muchos estudiantes podrían verse obligados a adquirir la tarjeta bip y pagar tarifa normal hasta que un ángel caiga del cielo y les solucione el entuerto.

Por algún motivo olía a turbio en esa oficina. No vaya a ser cosa que mi ex-TNE aparezca a la venta por internet uno de estos días.