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Mmm… I

Sesiones: la mayoría de los cursos se realizan sólo un día a la semana, de 19 a 21 horas. Los talleres tienen una duración de 3 horas.

Fuente: Programa de Artes Liberales, UNAB.

Tal vez demasiado liberales.

Probando

Pruébate éste!

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Correo-e-strafalario

Me llegó un correo-e de lo más extraño que hay. Sea spam o no, no deja de ser original al lado de la horda de correos de v1agra, uk lottery prize winner, plantas medicinales y good s_e_x que llenan mi casilla de Gmail.

Remitente: Celia Belzuz Urrutia
Asunto: jueves

Hola: Como estas, buen jueves. nosotros benimos de tomar cafe con la cuadrilla, tu madre va ha hacer la comida

y yo voy ha dar un paseo que esta buen dia para pasear. Que tal tu caminata de ayer, bueno no te pases corriendo
mañana nos iremos a bergasa y el sabado bendremos ha comer a logroño con la tia Pili y familia, tu tienes el fin de semana
largo,disfrutalo. bueno me boy ha dar un paseito
Quidate

Un beso, chao.

Un placer para la élite

Hoy soy testigo de la magia de internet. Encontré en un blog una referencia a una carta al director que envié a La Tercera hace un par de meses, citada además como carta del día.

Sergio da en el clavo con sus comentarios. El elevado precio que se genera por los “adicionales” que hay que costear para vender un libro en suelo patrio es inaceptable para el consumidor lector promedio.

Es, como él dice, la misma existencia y permanencia de los piratas el argumento clave para mostrarle al señor Juan Aldea Vallejos (presidente de la Feria Chilena del Libro) que algunos chilenos tenemos la voluntad de obtener provecho de los libros (ver La Tercera, domingo 29 de agosto de 2007).

Claro, supongo que en realidad una buena tajada de la plebe no abriría un libro ni para leer los pormenores del último escándalo de la farándula (¿para qué, si lo pueden ver en la tele?). Sin embargo, interesados hay, y aunque el sentido común indique que somos pocos, cabe preguntarse si un aumento en el tamaño del grupo lector implicaría ese festín de cultura a bajo precio que hoy por hoy se niega a los hambrientos y a los inocentes que no han tenido ocasión de saborearlo.

Recuerdo cuando iba al colegio, dos o tres veces a la semana coincidía en la micro con un chascón que se sentaba en el último asiento a la derecha, tan enfrascado en las páginas de su libro interminable que las mechas le tapaban los ojos, que parecían no despegarse del texto ni en los baches más grotescos de la Alameda. Puede que sea sólo un caso, pero uno basta para creer.

Ah, encontré este recuerdito también.

PS: el título lo tiene todo para sonar exagerado, pero no me vengan con el discurso de que las bibliotecas públicas. No hay nada como tener un libro, no tener que devolvérselo a nadie, que el texto no esté chueco de lo mal pirateado y capturar ese aroma a nuevo la primera vez que se hojea.