November 20th, 2007 — Personal
Ayer, como antes, el panorama extraño resultó familiar. Ese abrazo espontáneo que hace encajar nuestros cuerpos a la perfección, esa posición de nuestras mejillas que se acarician en silencio con cada suspiro, ese caminar conversado risueño pausado acariciado interrumpido abrazado besado disfrutado sonreído agradecido.
Ese confirmar que hoy, como ayer, tus labios son el único refugio que tengo.
November 19th, 2007 — Personal
También la gente les llama obsesiones, y otros dicen que uno psicosea con la cuestión. El asunto es que todos en algún momento tenemos costumbres que escapan a la usanza habitual, por razones que ni uno mismo entiende ni aventura.
Algunas de las mías:
- En el Paseo Ahumada camino inevitablemente lento.
- Vitrineo librerías, pregunto por libros y me retiro del local.
- El volumen de la tele, radio, reproductor portátil o similar siempre va en un número par.
- El contenido máximo que acepto en los bolsillos de mi pantalón es el celular. Si estoy en una biblioteca de la U, además puedo llevar la credencial (que me permite salir y pedir libros).
- Ocasionalmente compro cuadernos y libretas de notas que nunca completo.
- Nunca estoy satisfecho con mi caligrafía, ni con mis resultados académicos.
El lector queda invitado a compartir algunas de sus excentricidades.
November 13th, 2007 — Sueños, Personal
Había sido una de esas visitas intermitentes con las que me sorprendía por segundo verano consecutivo. Los mil cuatrocientos kilómetros que separaban nuestras vidas no impidieron que durante el año el uno estuviera al día con el otro. A los dieciocho años había descubierto —al fin— una utilidad para el teléfono y el correo electrónico. Además nos escribíamos cartas.
Tras una agradable tarde de parque y conversaciones me acompañó al paradero a esperar la micro. Había bajado ese frescor característico que antecede a ciertas noches de verano, así que caminamos abrazados y permanecimos así un par de minutos. Cuando me hizo notar que la micro que se acercaba decía Maipú elaboré mi mejor cara de frustración, le dije que ese recorrido se iba por un lado peligroso, y que ni siquiera me dejaba cerca de casa.
Los minutos pasaban y mi falsa impaciencia crecía al ritmo de una moderación inteligente, que me permitía a la vez parecer interesado en la locomoción colectiva y en la conversación que había surgido en la espera. Con frecuencia acompañaba mi parlamento con gestos, más en respuesta al frío que en señal de extroversión. No sé cómo ni sé en qué momento nos abrazamos nuevamente, pero la tibieza comenzó a expandirse al instante, así como las voces callaron y el entorno se hizo difuso.
“Ahí viene la micro”, dije después de un tiempo incierto. La besé en la mejilla con suavidad, y alejándome apenas le pedí que volviera a visitarme pronto. Sólo sonrió, y se acercó a replicar el besito que ella había recibido primero, sin evitar que corriera mi cara para rozar con mis labios los suyos y retirarlos de inmediato sin lamentar el accidente.
Nos miramos con incertidumbre, y firmamos así el contrato que nos obligaba a reunirnos la próxima vez que nuestros destinos nos juntaran en la misma ciudad. Sería otro día de parque, donde no nos abrazaríamos ni besaríamos hasta pasadas unas horas. La conversación se habría apagado inconsciente, y el arder de nuestras llamas primerizas nos impulsaría entonces a acercarnos con algo de timidez, acomodarnos con algo de torpeza, sonreír con algo de rubor y dejarnos llevar con algo de esperanza y futuro dando vueltas en el pecho, despertando los sentidos al nuevo amanecer.
Ninguno hablaría jamás de lo que pasó esa tarde en el paradero.
Continuará… (¿Continuará…?)
November 6th, 2007 — Sueños, Personal
La cuenta regresiva había comenzado, así que corríamos en todas las direcciones imaginables, dentro de las no muchas que ofrecía la casa. Yo salí por la puerta principal hacia el jardín que da a la calle, y H. salió inmediatamente después.
Me tomó de la mano al vuelo y corrí impulsado por sus pasos firmes, que nos dirigieron a un cuartucho lleno de diarios amarillos, un escritorio cubierto de polvo y espacio para uno, o dos apretados. Cerró la puerta, y el mundo enmudeció. Sólo nuestras respiraciones agitadas rompían la solidez del ambiente hasta entonces inquebrantable. Atrás quedaba el juego, y no sabía por qué estaba ahí.
Puso mi mano en su nuca, debajo de su pelo, y pude sentir su aroma y suavidad. Comenzó a acercarse. Incómodo ante el choque inexorable, cerré mis ojos y escuché los gritos y traqueteos de gente corriendo y empujándose, intentando volver de alguna manera a la diversión original y cándida. Sin embargo, la sensación de una palma pequeña y fría acariciando mi mejilla cerró mis oídos y abrió mis ojos. Observé por primera vez sus pecas y sus mejillas, sus ojos brillantes, sonrientes, y su pelo crespo. Una corriente subió por mi espina. Noté que sus labios estaban peligrosamente pegados a los míos.
El sabor, que no conocía, lo supe de inmediato.
Cuando sus yemas presionaron mi cabeza no quise volver a separarme de ella. Nos miramos una última vez antes de volver a sumirnos en un beso adolescente, con la voluntad de hacerlo eterno en tiempo y en espacio.
Continuará… (¿Continuará…?)
October 30th, 2007 — Personal
Cuando la cosa no anda bien, la esperanza se alberga en pensamientos livianos y canónicos como “ya vendrán mejores días”. Se sienta uno en el sillón o da vueltas en la cama recordando los mejores días pasados, ésos que alimentan la ilusión de que la felicidad y la despreocupación es posible. Incluso que no es tan difícil.
Hace unos años solía pasar tardes enteras sentado en una banca, conversando nimiedades con gente que iba y venía de clases y oficinas. Se sumaban algunos durante bloques horarios completos, aportando incongruencias a la sarta de leseras que entre tema y tema habían madurado y tomado las formas más diversas.
Cada cierto rato caminábamos un poco, ya fuera para acompañar a alguien a su sala, comprar un pan en el quiosco o atestiguar de cerca las salidas de clases masivas, evento periódico mas siempre singular donde el ejercicio consistía en fijar la mirada en una persona a la vez, disfrutando de su belleza y fantaseando en un sano sentido (todavía había [algo de] inocencia), riendo y discutiendo bizantinamente sobre la ganadora de turno.
A alguna hora decente para el almuerzo decidíamos almorzar, o sea, en algún momento entre el mediodía y las cinco de la tarde. Con el mismo azar (noten la sutileza) resolvíamos entrar a clases, y a veces qué libros tomar de la biblioteca (¿alguien dijo método práctico para aprender chino bajo el estándar de 1965?).
Las preocupaciones más grandes eran el llenado de la micro y tener el estómago no lleno, pero satisfecho. Ocasionalmente había tareas y pruebas, ceremonias a las que se asistía con la frente en alto y un dejo de altivez, y de las que se salía con la frente en alto (debido al orgullo) y un dejo de autodecepción (debido al resultado). Como de todas maneras a los veinte minutos de terminada la prueba todas las respuestas habían sido debidamente conversadas, la conciencia volvía a la tranquilidad habitual, no la de “he estudiado harto pero no lo pude hacer”, sino la excusa tirada a mediocre de “si me fue así no habiendo estudiado, me hubiera ido super bien si al menos tuviera la materia”.
¡Si al menos tuviera la materia…! Bueno, esa excusa persiste en el tiempo, así que no profundizaré.
Dan ganas de repetir esas instancias. Tal vez perdiendo menos tiempo, tal vez con menos frecuencia, pero con esa misma sensación de abstracción, el mismo placer de ver la gente pasar quedándose uno detenido. Los mismos completos con bebida a media tarde.
October 29th, 2007 — Personal
Tengo una molestia que a ratos tira pa dolor en el brazo derecho, y si bien llevo varias semanas programando casi a tiempo completo sin otros inconvenientes que el cansancio y la fofidad, creo que es tiempo de darle un respiro al nervio radial (y a mi desgastado intelecto) y detenerme unos días, aunque sea para estudiar para una prueba, cosa que en realidad terminará evitando ese preciado relajo.
El juego, en todo caso, avanza. Un recuerdo para los fanáticos y los románticos:

October 26th, 2007 — General
Querido diario: Hoy fue un día muy especial. Un día coloquial, podríamos decir, pues empezó con un coloquio en el DCC donde dos estudiantes de magíster expusieron brevemente sobre sus áreas de investigación.
Todo muy simpático, incluyendo a Juan Pablo “Osmosis Jones” Canepa repartiendo Tablet-PC a los inocentes para que tomáramos apuntes usando OneNote, aunque debíamos hacer las preguntas en un foro. “Qué sofisticado”, era el pensamiento general, “hacer preguntas vía web”. Sin embargo, volví a tierra cuando puse una pregunta, y diez segundos más tarde el tipo que estaba adelante interrumpió al expositor para leerla en voz alta. No sólo me demoré más en escribirla que lo que él tardó en leerla, sino que además perdí el hilo de la presentación, por lo que terminé saliendo disconforme de una tecnología que no conocía, y por la que los ejecutivos con cara de nuestra-empresa-está-a-su-servicio (y su billetera al nuestro) (como el de la foto en la página de OneNote) babearían en una reunión.
Después almorcé con el ayudante de autómatas (que fue quien me invitó al coloquio) y conversamos sobre su área de investigación, que son más cositas sobre bases de datos y las peripecias que se puede hacer ahí. Tras la ayudantía, a la que fui el único asistente -curiosa práctica que se repite los días de entrega de tarea- partí a matemáticas con escala en el baño, y me fui a cuidar una prueba de Cálculo I, no sin antes perderme y haber llegado a la sala D104 cuando en realidad tenía que ir a la 104 a secas. Claro, con la cercanía y la costumbre uno parte a bachi (donde están las salas D), pero cuando pregunté y fui avisado del error corregí ipso-facto el desperfecto yendo hacia ese sub-mundo llamado Ingeniería Comercial (pos hombre). ¡Qué Facultad con más plata, y tienen un notable home como título en portada!
Cuidar pruebas ahí ha sido agradable las dos veces en que lo he hecho. La gente está lo suficientemente separada como para que sea muy difícil la copia, y además nadie parece interesado en intercambiar opiniones con los compañeros, aunque dos o tres quisieron fiarse de la calculadora, tras lo cual la inquisición llegó ávida a sus puestos a apuntar con el dedo la última línea del enunciado, donde se establece con claridad que no se puede usar ninguna evolución del ábaco.
La línea anterior a ésa dice que no se puede hacer preguntas, pero es un estándar de facto omitir su cumplimiento, así que varias veces anduve paseando aquí y allá explicando una y otra vez que “usando potencias de (x-1)” significa que el desarrollo de Taylor lo tenían que hacer en torno a 1, etc.
*uta que es difícil cuando una niña particularmente atractiva te llama para preguntarte algo. Sobre todo cuando su rostro tiene esa expresión de seriedad-concentración, esbozos de disconformidad y un mal genio que de vez en cuando no puede ocultar (que para mí significa sexy). Para colmo, el aroma de su pelo subía refrescante y quería cerrarme los ojos, aunque los suyos, fijos y determinados, los abrieron tras haberlos atrapado.
Con la tranquilidad de haber pasado un rato agradable caminé al DCC a entregar la tarea de autómatas, pero como cincuenta minutos de atraso significaban que todo estaba cerrado, salí hacia el metro con un compañero ingeniero-computín que estaba ahí esperando nada. Conversamos, me recomendó ramos, y me despedí de él sintiéndome más motivado que nunca por estudiar todas estas cosas que me gustan muchísimo y que antes, por uno u otro motivo, no había encontrado.
PS: Parece que territory es la palabra en inglés más larga que se puede escribir usando una sola fila de un teclado (QWERTY, por cierto)
PPS: Quiero un este regalo.
October 18th, 2007 — Web
Me llegó un correo-e de lo más extraño que hay. Sea spam o no, no deja de ser original al lado de la horda de correos de v1agra, uk lottery prize winner, plantas medicinales y good s_e_x que llenan mi casilla de Gmail.
Remitente: Celia Belzuz Urrutia
Asunto: jueves
Hola: Como estas, buen jueves. nosotros benimos de tomar cafe con la cuadrilla, tu madre va ha hacer la comida
y yo voy ha dar un paseo que esta buen dia para pasear. Que tal tu caminata de ayer, bueno no te pases corriendo
mañana nos iremos a bergasa y el sabado bendremos ha comer a logroño con la tia Pili y familia, tu tienes el fin de semana
largo,disfrutalo. bueno me boy ha dar un paseito
Quidate
Un beso, chao.
October 8th, 2007 — Personal
- (Sólo) quise a una mujer que me amó.
- Amo a una mujer que (sólo) me quiere.
- Soy infeliz.
- Llevo años esperando.
- Ya renuncié a esas prácticas. Romanticismo no es hadas madrinas.
- Estoy orgulloso de lo que mi familia ha hecho por mí.
- Quema las mentiras camufladas que nos dijimos con cariño.
- No tengo poder.
- No tengo influencia.
- No tengo plata.
- No tengo éxito.
- No tengo constancia.
- No tengo mujer.
- No tengo diccionario.
October 6th, 2007 — Sociedad, Web
Hoy soy testigo de la magia de internet. Encontré en un blog una referencia a una carta al director que envié a La Tercera hace un par de meses, citada además como carta del día.
Sergio da en el clavo con sus comentarios. El elevado precio que se genera por los “adicionales” que hay que costear para vender un libro en suelo patrio es inaceptable para el consumidor lector promedio.
Es, como él dice, la misma existencia y permanencia de los piratas el argumento clave para mostrarle al señor Juan Aldea Vallejos (presidente de la Feria Chilena del Libro) que algunos chilenos sí tenemos la voluntad de obtener provecho de los libros (ver La Tercera, domingo 29 de agosto de 2007).
Claro, supongo que en realidad una buena tajada de la plebe no abriría un libro ni para leer los pormenores del último escándalo de la farándula (¿para qué, si lo pueden ver en la tele?). Sin embargo, interesados hay, y aunque el sentido común indique que somos pocos, cabe preguntarse si un aumento en el tamaño del grupo lector implicaría ese festín de cultura a bajo precio que hoy por hoy se niega a los hambrientos y a los inocentes que no han tenido ocasión de saborearlo.
Recuerdo cuando iba al colegio, dos o tres veces a la semana coincidía en la micro con un chascón que se sentaba en el último asiento a la derecha, tan enfrascado en las páginas de su libro interminable que las mechas le tapaban los ojos, que parecían no despegarse del texto ni en los baches más grotescos de la Alameda. Puede que sea sólo un caso, pero uno basta para creer.
Ah, encontré este recuerdito también.
PS: el título lo tiene todo para sonar exagerado, pero no me vengan con el discurso de que las bibliotecas públicas. No hay nada como tener un libro, no tener que devolvérselo a nadie, que el texto no esté chueco de lo mal pirateado y capturar ese aroma a nuevo la primera vez que se hojea.